domingo, 19 de marzo de 2023

PLUS ULTRA

 

COLABORACION de la SECCION DE DOCUMENTACION

La recopilación de datos e información continua y sistemática que realiza esta sección nos brinda la oportunidad de rescatar, escritos, noticias gráficas y de toda índole, una vez optimizado todo el trabajo recopilado pasa a los archivos virtuales que se dividen y subdividen de acuerdo con las características de cada tema, cada uno de ellos puede tener un verdadero interés documental e histórico, o simplemente pasa a engrosar la variada composición de un archivo genérico titulado “Varios”.

El conjunto de todos ellos forma el fondo del “archivo general”, cuyo contenido permite acumular siglos de la dilatada historia del SOMATEN.

La idea de los que formamos y administramos este BLOG, tiene interés en dar a conocer paulatinamente los variados escritos que hemos encontrado para disfrute del público en general y de nuestros miembros en particular.

En esta entrada presentamos un trabajo encontrado en la publicación “EL SOMATEN” de marzo de 1926.

El texto ha sido ampliado con ilustraciones fotográficas que acompañan en cada caso a los párrafos escritos por el autor.

EL SOMATEN

MARZO 1926

A Ñ O VI

Dirección y Adm6n.: Comandancia general, Duque de Osuna, 3, pral.

Número suelto, 50 cts., — Números atrasados, 50 cts.

NÚM, 3

La suscripción a EL SOMATEN es obligatoria para los afiliados. (Artículos 112 y 130 del Reglamento.)

 

“Plus ultra”

(del latín, Más allá) ​ es el lema oficial de España. 

Fue utilizado por primera vez en 1516 por Carlos I de España, que lo empleó como su lema personal en expresión del dinamismo del nuevo Imperio español.

Según los estudios de Earl Rosenthal, el lema proviene de la influencia del médico y consejero personal de Carlos V, el humanista milanés Luigi Marliano​ (1464-1521).

 

Columnas y lema «Plus ultra» en el Ayuntamiento de Sevilla.

 

Este aconsejó al joven duque y futuro emperador en 1516, cuando alcanzó su mayoría de edad y fue proclamado gran maestro de la Orden del Toisón de Oro, poner bajo su oficina el lema latino Plus ultra.

Este lema se utilizó para animar a los navegantes a desafiar y olvidar la antigua advertencia de la mitología griega, según la cual Hércules había puesto dos pilares en el Estrecho de Gibraltar, y se creía que eran el límite del Mundo, la última frontera que los navegantes del Mediterráneo podían alcanzar.

Era el Non terrae plus ultra (‘No existe tierra más allá’) en referencia también a Finisterre, pero este lema perdió su poder simbólico a raíz de que Cristóbal Colón llegara a las Indias Occidentales cruzando el océano Atlántico en 1492. ​

En el actual escudo, el lema viene escrito alrededor de las dos Columnas de Hércules.

 

Semper ¡Plus ultra!

Dice muy bien Salaverria en "A В С", que España era la nación que iba enfermando de la más grave dolencia que a un organismo dotado de alma puede atacarle:

"No creía en sí misma. Se tomaba a risa a sí misma."

Y agrega que "en España ya no es de mal gusto el entusiasmo" desde el grandioso vuelo del hidroavión "Plus Ultra", tripulado por Ramón Franco, Ruiz de Alda, Duran y Rada, merecedores de una corona ducal, de una condal, de una de vizconde y de una de barón, respectivamente; libres de gastos.

Quizá contribuya principalmente a esta transformación de la idiosincrasia nacional la gran publicidad que ahora rodea a todo hecho que rebasa los linderos de lo vulgar, por lo cual, desde el primer momento, y aun antes de realizarse, la pública expectación se concentra sobre quienes actúan de protagonistas, no aconteciendo lo que antaño, cuando las gentes o se apercibían de las hazañas "a posteriori" o nunca ; dejando muchas veces su relato y hasta los nombres de los principales héroes envueltos entre las sombras del olvido, cuando no desautorizados o negados por la envidia, carcoma nacional generadora de tantas bellaquerías, imposturas e iniquidades, como las que amargaron la vida del:

 Cid Campeador,

 de Cisneros,

 de Colón,

 del Gran Capitán,

 de Cortés,

 del duque de Alba,

 de Lanuza,

 de Ensenada,

 de Jovellanos,

 de Campomanes, etcétera, o sea de cuantos brillaron o sobresalieron más en España.

Quizá no haya muchos españoles enterados de qué desde hace más de veinte siglos, nuestros antepasados, con deficientísimos elementos, llevaban a término las más arriesgadas expediciones, como lo reconocen Plinio y Estrabón, elogiando por ello mucho este último a los navegantes gaditanos.

Desde entonces las gloriosas gestas españolas son innumerables.

Recordemos algunas:

Casi un siglo antes que el tan ponderado Marco Polo, en 1160, un español natural de Tudela, de nombre Benjamín de Tudela, llegó por primer a vez a la Tartaria china, internándose hasta las más distantes regiones de la India, regresando por Egipto, después de trece años, y dando a conocer a toda Europa, en detallado escrito, lo referente a tan grandes regiones desconocidas antes para ella.

1345:  Navegantes españoles descubren las islas Canarias, modelos de lealtad.

1346: Un catalán, Jaime Ferrer, llegó hasta el Río de Oro, en África, colonia deficientemente explotada, como la isla de Fernando Poo, tan elogiada por Stanley.

Otro español, de raza judaica, Josepo, fue el primero que llevó al rey de Portugal Don Juan II relación exacta de todo lo referente a las Indias orientales, de lo que ese Rey se aprovechó muy bien, lo mismo que Cristóbal Colón, genovés o gallego o también catalán – da igual que igual da - se aprovechó para el descubrimiento del Nuevo Mundo de los valiosos datos que a mediados del siglo XV le proporcionó el piloto andaluz Alonso Sánchez, de quien muy pocos se acuerdan cuándo regresó éste, después de duros temporales y con sólo tres marineros—todos tan maltratados, que a los pocos días perecieron—de una larga expedición, cuyo derrotero explicó Sánchez a Colón en agradecimiento de haberles recogido éste en su casa.

A uno y otro se defraudó, dando el nombre de Américo Vespucio al continente que antes que éste vio Sánchez y Colón, a lo cual España pudo y debió oponerse.

Muy pocos años después, Vicente Yáñez Pinzón y Juan Díaz de Solís reconocen los primeros la embocadura del Rio de la Plata y gran parte de la costa hacia el Sur.

En 1522, otro español, el guipuzcoano Sebastián Elcano, es el primero qué al cabo de tres años de navegación arriesgadísima, en la que perecieron casi todos los españoles y portugueses que en los tres débiles barcos tomaban parte en la heroica expedición, después de dar la vuelta al mundo, fondea en Sevilla con la nao "Victoria" cargada de ricos géneros, habiéndose ido a pique las otras dos que con ella salieron.

Bartolomé Ruiz descubrió en 1526 varias islas y tierras, algunas inmediatas al Perú, de lo cual se aprovechó Pizarro para la conquista de éste, en la que le acompañó Ruiz, al que se recompensó con el título de Piloto mayor del mar del Sur.

Álvaro de Saavedra, otro piloto español, fue el que antes que ninguno concibió la idea de cortar el istmo de Panamá, frente al que otro español, Vasco Núñez de Balboa, había tomado posesión años antes del Océano Pacifico en nombre del emperador Carlos V, metiéndose en el mar hasta el pecho con la espada desenvainada en la mano, como siglos después hizo en el Estrecho de Gibraltar un caudillo sarraceno ("Nihil novum sub sole").

Las islas Sándwich, cuyo descubrimiento se atribuye al inglés Cook, realmente fueron descubiertas por un español, por Gaytán, después de rudos combates con los indígenas, y de ello dio parte a Carlos V desde Lima.

Así lo reconoce el concienzudo historiador y navegante Mr. Arago.

De parecida usurpación fue víctima el marino español Pedro Fernández de Quirós cuando a principios del siglo XVII, y por orden del rey, fue a descubrir tierras australes, encontrando antes que nadie las tierras que llamó del Espíritu Santo, y que ciento sesenta años después, el sabio Bougainville y luego Cook, siguiendo el rumbo de los españoles, llegaron a ellas, bautizándolas con el nombre de "Las Ciclades", el primero, y de "Nuevas Hébridas", el segundo, para hacer creer tal vez que se trataba de otros territorios distintos.

Muchos más nombres pudiéramos agregar a los tan valerosos descubridores, conquistadores o nautas, como los:

Alvarado,

Almagro,

Bermúdez,

Córdoba,

Cortés,

Caray,

Juan de la Cosa,

Mendaña,

Méndez,

Mendoza,

Ojeda,

Ponce de León,

Rui López de Villalobos,

Orellana,

Legazpi,

Valdivia,

Menéndez de Avilés,

Rivero,

Vidañeta,

Roger,

Ricafort, etc.

Fue un buque de guerra español, mandado por Méndez Núñez, el acorazado "Numancia", el primero de esta clase que dio la vuelta al mundo.

Un marino español, Oquendo, es el que contra mayor número de buques de igual o de mayor porte se ha batido en el mar sin ser vencido(1).

Y en opinión de muchos autores fue un español, Blasco de Garay, el primero que inventó, en 1543, la navegación por medio de ruedas en vez de remos, haciendo pruebas satisfactorias el 17 de junio de ese año en Barcelona, en la nao "Trinidad".

Fernández Navarrete, apoyado en una falsa certificación del archivo de Simancas, le atribuyó la invención de los buques movidos por vapor; pero el culto marino y académico D. Manuel de Saralegui probó la inexactitud de esto.

Lo que si inventó fue el aparato para hacer potable el agua del mar.

Nuestro compatriota el mallorquín Ramón Llull descubrió la aguja náutica.

Francisco Salvá Campillo, doctor barcelonés, en 1797, medio siglo antes de que se implantara en ningún país, inventó el telégrafo eléctrico y propuso el tendido de un cable submarino entre Barcelona y Palma de Mallorca.

Además, inventó un submarino en el año 1800, al que tituló "Barco-pez".

Y años después, en la misma bahía de la industriosa Barcelona, se hicieron las pruebas del submarino inventado por el catalán Monturiol, poco apreciadas por sus compatriotas, como sucedió a fines del siglo XIX con las muy heroicas realizadas por otro inventor, Isaac Peral y seis oficiales de la Armada en aguas de Cádiz con otro submarino más perfeccionado, del que fue reconocido su mérito por el emperador alemán, al cual le sirvieron sus planos para construir la flota submarina, con la que tan inmensos daños causó desde 1914 al 18 en todas las marinas mercantes del mundo, incluso en la de nuestra nación, que si en ésta no se hubiera menospreciado o desdeñado a esos inventores, no hubiera perdido en 1898 su aún grandioso imperio colonial en los dos combates navales, tan incruentos para los vencedores, como para los imperiales el terrestre de Villalar , donde se hundieron las Comunidades y los fueros de Castilla, de los que fue la última y más tenaz defensora la noble viuda de Padilla, en Toledo.

(1) Al reconvenir por no rendirle, el Rey de Holanda a su Almirante contestó éste: «La Capitana española con Oquendo a bordo es invencible».

Por no haberse prestado a nuestros inventores apoyo y ni siquiera crédito, por los "estadistas", que en nuestra nación han monopolizado el ejercicio del Poder, la navegación submarina y la gloria de haber resuelto este problema se atribuirá a un extranjero, debiendo haber sido un timbre de honor de España, como ha sucedido con algunos de los descubrimientos que antes se indicaron, hechos por navegantes españoles, cual sucedió con el perfeccionamiento de la Botánica como ciencia, que unos atribuyen al francés Tournefort y otros al sueco Linneo, sin atribuirla en el extranjero ni al gaditano Columela, ni al sevillano Abu Alnara ni al malagueño Beithar.

Aconteciendo parecida postergación o usurpación, en lo que se refiere al descubrimiento de la circulación de la sangre, que se atribuye por los extranjeros al inglés Harvey, en 1619, y había sido publicada por el malogrado Miguel Servet en 1531 y por el zamorano Francisco de la Reina, casi al mismo tiempo.

Como también se atribuyen a diversos extranjeros la gloria del invento del arte de enseñar a hablar a los sordomudos, que en realidad se debe al benedictino español Fr. Pedro Ponce de León.

 Otro autor inglés pretendió presentar como invención suya la luminosísima teoría filosófica publicada en 1587 por la famosa erudita Oliva Sabuco de Nantes, natural de Alcaraz, autora de la obra "Nueva filosofía de la naturaleza del hombre", en la que se sientan los fundamentos de la psicología moderna que aun predominan, aceptados después por sabios como:

Bacon,

Descartes,

Kant y

Leibnitz (admirador también éste de Santa Teresa) y otros de igual fuste.

Y como nos usurparon las invenciones:

Del cañón de retrocarga,

Del fusil de repetición,

Del "Destroyer" (éste ideado por el marino Villamil) y

De la vacuna anticolérica, maravilloso descubrimiento del sabio médico catalán doctor Ferrán.

Hasta en la muy arriesgada y difícil pesca de la ballena, como en la del bacalao en las costas de Terranova, han sido los españoles precursores y maestros de los demás habitantes del mundo, perdiéndose los muchos millones que producía y el florecimiento de nuestra marina mercante, como demostró en su libro el capitán Thomé Cano en 1611, por torpes restricciones impuestas al comercio, como un reinado después, en el de Felipe V, se perdió por análoga torpeza la importantísima industria de la seda, que ahora muy oportunamente, y por impulso soberano, se trata de reorganizar o fomentar en España.

Fernández de Quirós inventó un destilador para hacer potable el agua del mar, antes que nadie.

No tenemos el menor recelo de que falten nunca en nuestra patria quiénes descuellen en toda clase de aptitudes y disciplinas, y en lo que se refiere al heroísmo, menos; pues aquí, hasta las mujeres han demostrado poseerlo en el grado más superlativo, individual y colectivamente, como en los pueblos de:

Numancia,

Sagunto,

Zaragoza,

Gerona,

Palencia,

Ávila,

Cádiz,

Tortosa,

Martos,

Zamora,

Toledo,

Jaca,

La Coruña,

Salamanca,

Madrid,

Cuyas mujeres se inspirarían en cinco reinas tan valerosas, como:

doña Urraca,

doña Blanca,

doña Berenguela,

doña María de Molina y

doña Isabel I,

Honra, todas ellas, de España y de sus regias estirpes.

Hasta en el mar demostró su valor la mujer española, pues hubo una descubridora:

Isabel Barreto, única en el mundo que ha ostentado el título de "Almiranta" y "Adelantada", del mar Océano, además del de Gobernadora en Ultramar, méritos femeniles doblemente apreciables y estimables, por su espontaneidad y porque no impulsaba a contraerlos la profesión ni el juramento a una bandera, ni la esperanza de medros personales.

Madres así, ¿cómo no han de engendrar héroes?

Pueblos con tales hijos, ¿no han de ser inmortales?

Felipe Crespo de Lara.

 


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