Este es el título que encabeza el trabajo rubricado por D. Fernando J. MUNIESA y publicado el 4 de julio de 2012.
Nuestro estimado Departamento de Documentación y Archivo, una vez localizado el escrito, el cual seguidamente os presentamos, tiene un interés mínimo por nuestra parte, ya que como dice el refrán, "las comparaciones siempre suelen ser odiosas" más bien diríamos "fuera de contexto", el lector podrá construir su propia opinión y no entraremos en más diatribas.
A. E. M. S. I.
E.
¿ El “Somatén” del CNI ?
“Todo está en poder del CNI”, esta es la opinión de Fernando J. Muniesa, autor del libro La cara oculta del Estado. Historia Crítica de los Servicios Secretos (Editorial Actas, 2020).
MIÉRCOLES 04 DE JULIO DE 2012
Tras darse noticia en esta misma
web (10/06/2012) del nacimiento de una curiosa:
“Asociación de Ex Miembros del
Servicio de Inteligencia Español (AEMSIE)”, ya opinamos de forma crítica
sobre el tema en un artículo titulado “Los ‘culturetas’ de la Inteligencia”.
En el cuestionamos alguno de sus
principales objetivos y advertíamos que, al igual que sus asociados mantenían
una legítima campaña de auto propaganda, nosotros estaríamos encantados de
seguir debatiendo el tema.
Hoy queremos destacar otro aspecto de AEMSIE que nos produce bastante sorpresa y alguna preocupación.
Se trata de la alusión que en el artículo de presentación de la asociación firmado por el general Ricardo Martínez Isidoro (Ateneadigital.es 04/06/2012), se hacía a la disposición de los ex agentes del Servicio de Inteligencia español para, dentro de ese invento de interés grupal, mostrarse especialmente solidarios entre sí y, sobre todo, a su vocación para, aún en su condición de jubilados, “prestar apoyo, en su caso, al Servicio de Inteligencia español” …
Algo que, a bote pronto y sin tener
que cuestionar otros de sus objetivos, sonaba efectivamente raro, raro, raro…
De darse ese posible “apoyo”
al CNI, tendrían que aclararse algunas cosas, que no se pueden considerar
baladíes.
Por ejemplo:
Habría que determinar y
justificar su necesidad real;
Establecer el marco legal de esa
posible relación profesional;
Retribuirla o no con fondos
reservados;
Fijar su ámbito de actuación;
Confirmar en cada caso la
capacitación de los actores (ya eméritos) y habilitarlos…
En fin, una amplia sucesión de
consideraciones extremadamente artificiosa y banal, salvo que AEMSIE
responda a otros intereses no publicados.
En realidad, este extraño
movimiento de los antiguos espías españoles y su afán por seguir ejerciendo
como tales tras su meritoria amortización laboral, no deja de recordarnos la
última versión franquista del “Somatén”. (1945-1978)
“Somatén” es un sustantivo
masculino, procedente del catalán som atents (estamos atentos), con el
que se ha conocido a los miembros de una institución civil de carácter
parapolicial en lo local y paramilitar en acciones armadas de
mayor rango, nacida originalmente al amparo de las antiguas Cortes
Catalanas.
De forma figurada también
significa “bulla”, “alarma” o “alboroto”.
Uno de los primeros cometidos
de los somatenes, que tradicionalmente tenían la obligación de conservar armas
en sus casas y de instruirse en su manejo de forma periódica, era dar la alarma
a la población local o vecinal en caso de peligro o detección de enemigos, por
medio del encendido de grandes hogueras situadas en las cumbres más visibles.
También se avisaba con repique de
campanas y toques de trompeta, utilizando códigos con significados concretos.
Tras sucesivas disoluciones
y reinstauraciones a lo largo de su dilatada historia (10 siglos), la
versión franquista del Somatén se inicia en 1936, cuando se restablece para
“apoyar” la rebelión militar contra la II República.
Acabada la guerra civil se
volvió a disolver, aunque por poco tiempo ya que el Gobierno del
general Franco lo reorganizó con el nombre de “Somatenes Armados”
(1945) para que colaborase con la Guardia Civil en la lucha contra
los restos de la resistencia armada antifranquista conocida como “Maquis”,
que tuvo su máximo apogeo entre 1945 y 1947.
Los miembros del Somatén,
condición entonces reservada a personas de la confianza del régimen, disponían
de licencia de arma corta y, aunque no podían actuar en solitario, en
caso de “emergencia” formaban pareja con un guardia civil.
Se identificaban con un
carné de afiliación a los Somatenes Armados en donde constaba el siguiente
extracto de su reglamento:
“Articulo 1º.- El
Somatén es una agrupación de hombres honrados que se constituyen para
asegurar y conservar la paz del país, defender colectiva e individualmente las
personas y propiedades, hacer respetar las leyes y autoridades legalmente
establecidas y perseguir y detener a los autores de los delitos.
Articulo 10º.- Sólo
deberán hacer uso de las armas para el cumplimiento de los fines que se asignan
a la institución el articulo 1º de este Reglamento.
Artículo 13º.-
Los Cabos y Subcabos serán Jefes de la fuerza que
constituya el Somatén de sus respectivas demarcaciones y agentes
entre la Guardia Civil y los afiliados, pero fuera de los actos de
servicio no podrán exigir de estos, sometimiento ni obligación ninguna.
Articulo 14º.- Los
afiliados al Somatén actuarán a requerimiento de la fuerza de la
Guardia Civil, y solo espontáneamente caso de alarma o grave alteración
del orden público, para persecución y captura de malhechores, criminales o
gente sospechosa y restablecimiento del propio orden.
Artículo 20º.- El
nombramiento y las insignias del Somatén son un pregón de su valor y seriedad.
El nombramiento le honra,
porque su misión es de riesgo y sacrificio.
En consecuencia, se
abstendrá de inmiscuirse en la corrección de faltas a las Ordenanzas
municipales, Reglamentos de Policía y disposiciones análogas”.
Esta segunda versión franquista
del antiguo “Somatén”, fue sensatamente* desarticulada por las Cortes
constituyentes. (1978)
*(lo de “sensatamente” es muy
cuestionable para estar en lo cierto)
A este respecto, la noticia de su
disolución, publicada en “El País” (01/10/1978), decía de forma literal:
“En el plazo de un mes, a
partir de hoy, los comandantes de puesto de la Guardia Civil harán entrega a la
Jefatura de Armamento de la Dirección General de la Guardia Civil de la
totalidad de las armas largas y municiones para uso del somatén de que
fueron depositarios”.
Así se dispone en un decreto
por el que se disuelven los somatenes armados.
La disposición se publicó ayer en
el Boletín Oficial y entra hoy en vigor.
Establece también que:
“A partir del 1 de enero
próximo quedarán sin valor ni efecto e incursas en caducidad la totalidad de
las licencias para uso de arma corta de que fueran titulares los somatenistas
en virtud de su condición de tales”.
Algunos historiadores,
entendieron esta última versión del Somatén, no la original, como una fórmula de
represión encubierta.
De hecho, durante el
franquismo los somatenes actuaban “por libre”, dando posterior cuenta
de su actividad a la Guardia Civil mediante un informe redactado en los
términos adecuados para que fuera admitida como servicio “reglamentado”, lo que
raramente coincidía con la realidad. (la casuistica a demostrar y comprobar)
Con este procedimiento, se
conocen no pocas actuaciones de los somatenes que, disfrazadas de un falso
patriotismo, encubrieron represiones y hasta venganzas personales de la peor
condición.(En un colectivo de mas de 30.000 personas encontramos de todo)
Recogidas en diversos archivos
históricos, no viene al caso pormenorizarlas en este artículo.
En los momentos más delicados del
postfranquismo, justo al iniciarse la denominada Transición Española, “El
País”(05/05/1976) reflejaba de forma puntual lo que en realidad significaba
el “Somatén Armado”:
“El domingo se celebró en Sitges
la II Concentración y Revista del Somatén Armado de la comarca de Garraf,
cuyos actos fueron presididos por:
El gobernador civil, señor
Sánchez-Terán, juntamente con el gobernador militar, general Ángel
Vega Franco.
el subdirector de la Guardia Civil, general Salvador Bujanda González;
Tras la concentración y formación
del Somatén Armado se procedió por las autoridades asistentes al acto
oficial de la bendición de las banderas locales y comarcal como acto previo a
la solemne misa de campaña en honor de la Virgen de Monserrat, patrona
del Somatén de Cataluña.
Ofreció el acto el cabo comarcal,
señalando que los orígenes del Somatén se remontan a la época de Berenguer
el Viejo, siendo confirmado por el rey Jaime I.
En el año 1929 llegó a
contar con más de 66.000 componentes, dando noticia pública de que:
S. M. el Rey
don Juan Carlos I se había dignado aceptar el nombramiento de somatenista de
honor.
Se pronunciaron varios discursos
por parte de las autoridades asistentes.
El gobernador civil de la
provincia, señor Sánchez Terán, dijo al cerrar, que el Somatén de
Cataluña constituye una lección de firmeza en estos momentos en que
parece que algunos pueden perder la necesaria autoridad.
Precisamente, esa vocación de “firmeza”
en el ejercicio autoritario del poder, característica de épocas pasadas, es
la que podría subyacer en la actual y confundida aspiración de AEMSIE para
“apoyar” al Servicio de Inteligencia.
Hoy por hoy, no parece de
recibo evocar siquiera lo que podrían ser prácticas similares a las del Somatén
en el ámbito de la Seguridad Nacional.
Porque:
¿Cómo prestarían su “apoyo” al
CNI los jubilados de la AEMSIE…?
¿Acaso en acciones operativas
especializadas que además requieren edades y condiciones físicas muy
distintas…?
¿Adquiriendo información
“sensible” en sus círculos familiares y de amistades personales…?
¿Quizás como analistas
interesados en fenómenos de vanguardia y tecnologías avanzadas…?
No se trata, ni mucho menos,
de ridiculizar la capacidad de los antiguos oficiales de Inteligencia,
ni tampoco su voluntad de servicio al país, que la tienen.
Pero similar en todo caso a la
de otros muchos profesionales, como los militares, que saben perfectamente
cuales son los requisitos específicos para mandar una COE, pilotar un
avión de combate o comandar un submarino, y adaptarse a cada
etapa de la vida como corresponde.
Muchos jubilados, y algunos de
ellos con antiguos destinos en el SECED, el CESID y el CNI,
mantienen funciones docentes, pronuncian conferencias, se dedican a la
investigación histórica, a la creación artística, a colaborar con
organizaciones no gubernamentales…, o simplemente a ejercer de abuelos,
ocupando a plena satisfacción su tiempo libre y generando con ello un gran
reconocimiento social.
Nada tenemos que objetar al
derecho de asociación, que tanto hemos defendido precisamente en el
ámbito militar, ni a la forma específica con la que se vertebre.
Pero sí que nos dolería el
ridículo de ver a los antiguos agentes del Servicio de Inteligencia
convertidos en espías de ocasión, émulos de personajes como Mortadelo y
Filemón y, todavía peor, ejerciendo de cotillas vecinales disfrazados de “yayo
flautas”.
“Todo tiene su tiempo, y
todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora…”
(Eclesiastés, 3.1 y
siguientes).
Una máxima sapiencial que los
miembros de AEMSIE deben tener muy clara para no meterse, ni que les metan, en
camisas de once varas.







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